En Hridaya Yoga, durante la práctica de Hatha Yoga, las asanas físicas se combinan con Vedanta Advaita, visión basada en la no dualidad. Estas asanas se realizan mientras se mantienen las actitudes espirituales internas recomendadas en los textos tradicionales de Tantra y Shaivismo, incluyendo el Tantra Vijnana Bhairava, Spanda Karika, Shiva Sutra, etc.

La práctica de Hatha Yoga se dirige hacia la obtención de un íntimo conocimiento interno del cuerpo físico y sus bio-energías y, por lo tanto, un estado de meditación y contemplación necesario e indispensable. En Hridaya Yoga, el papel de Hatha Yoga consiste en crear las condiciones para la relajación y la apertura de modo que se tome conciencia de la «transfiguración» del propio cuerpo.

La práctica de Hatha Yoga siempre debería brindar relajación y felicidad, más que esfuerzo o tensión. Incluso si, por sí misma, no nos puede ayudar a acceder a la «realización» espiritual suprema (moksha), Hatha Yoga puede brindarnos un «punto de partida» más adecuado en el camino espiritual.

Hatha Yoga – La música de la vida

El cuerpo físico es un complejo instrumento capaz de expresar nuestra existencia en el mundo físico. A través de la práctica de las asanas, le hacemos vibrar de diversas formas, del mismo modo en que usaríamos un instrumento musical.

Practicar Hatha Yoga es comparable a crear música y armonía a partir de las energías de la vida

En Hridaya también es importante expresar esta armonía en nuestra vida diaria. De este modo aprendemos a aportar gracia, conciencia y simplicidad a nuestros gestos. Por ello, la Presencia Pura, el Corazón, se expresa de forma natural y libre de limitaciones acerca de quiénes somos.

Yoga natural del Corazón
Hridaya Yoga es un yoga natural, una expresión de energías libre, en la que todo se hace directamente desde el corazón y con todo nuestro corazón.

La diferencia entre el yoga natural basado en el flujo libre de energías y el yoga que se practica de forma mecánica con el solo objetivo de empujar la energía en ciertas direcciones es similar a la diferencia entre Corazón y Mente. Cuando el Yoga se practica de un modo mecánico, nuestro punto de partida se ubica en la mente y fuerza de voluntad individuales.

Ésta es la razón por la que no «enseñamos asanas» en nuestros cursos, sino que aprendemos actitudes meditativas para desarrollar un sentido interior de libertad. Estas actitudes se ven sustentadas y favorecidas por las posturas corporales, mudras, bandhas, etc.

Sin embargo, la conciencia del Corazón Espiritual, del último trasfondo subyacente de la Quietud y la actitud de Entrega, potencian nuestra habilidad para expresar de forma armónica nuestra personalidad en la vida diaria. Entre otros efectos cabe destacar la mejora de la habilidad para enfocarse, así como un aumento de la capacidad de discernimiento y del dinamismo.

Sacralidad y devoción a través de Hatha Yoga

La asana es una práctica de samyama, apagar los filtros de la mente para permitir una íntima identificación con el cuerpo, las energías, las sensaciones, la respiración y la mente elevada.

En spanda redescubrimos los aspectos sagrados y devocionales de Hatha Yoga mediante la sublimación de las energías (en particular de las sensaciones y las emociones). Asimismo, la asana es un aspecto devocional, ya que nos genera una apertura hacia nuestro guía interior, que es exactamente este estremecimiento-vibración, spanda. Nos conduce a lo que realmente somos.

La felicidad de practicar Hridaya Hatha Yoga

En cuanto al trabajo con las energías se refiere, existe una íntima relación entre nuestro ser y el universo.

Nuestro ser:

a) recibe energías
b) transforma energías
c) desprende energía

No somos sólo el cuerpo físico y, en última instancia, el cuerpo no nos pertenece. En Hridaya Yoga, aprendemos a estar conscientes y amplificar la alegría fruto de los intercambios energéticos que se refinan mediante nuestro enfoque en el Corazón, así como a través de la presencia de nuestra aspiración espiritual y del Sagrado tremor del Corazón.

No podemos encontrar nuestra felicidad suprema moviendo o empujando la energía a través del cuerpo, nadis o chakras. Sin embargo, la encontramos percibiendo nuestra naturaleza verdadera. El cuerpo físico puede expresar esta profunda comprensión cuando permitimos que las energías fluyan libremente a través de él.

La alegría, relajación, apertura y entrega se desarrollan durante la práctica de asanas

El Corazón Espiritual expresa su radiante poder de amor y felicidad en cada asana.

No focalizamos nuestra atención en realizar una postura espectacular o artística, sino más bien en despertar y expresar la felicidad interna del Corazón, y utilizamos nuestros cuerpos para permitir que esta felicidad se irradie a través de él. Esto elimina tensiones, esfuerzos y estrés.

Cuando el cuerpo físico se posiciona en una asana y no existen tensiones o contracciones musculares innecesarias, percibimos un verdadero «florecimiento» del flujo libre de las energías. De este modo, se generan las condiciones adecuadas para experimentar la vibración pura del Corazón Espiritual: spanda.

Existe una diferencia esencial entre los estímulos sensoriales, emocionales y mentales y el estremecimiento espiritual: el Sagrado tremor. Pero, en última instancia, una Atención Abierta, una atención libre de juicios, sublimará nuestras emociones.

Este proceso no ocurre necesariamente de forma instantánea, pero si habitamos el vacío, la no reactividad, se produce la sublimación. Entonces, ya no es una energía individualizada, sino la pura felicidad de la existencia, el éxtasis, ananda.

Yoga – Celebración y entrega

Las posturas en Hridaya Yoga reflejan una actitud positiva que afirma la vida. Nos permiten abrir los corazones por entero y celebrar la vida. La asana se convierte en un proceso de transformación y de sanación espiritual, un proceso de revelación de la naturaleza divina, no simplemente un ejercicio «energetizante y saludable».

Comenzamos y finalizamos la práctica del yoga recordándonos que el Yoga es, en última instancia, un arte espiritual, y que las revelaciones que podemos experimentar no pueden derivarse solamente de nuestro esfuerzo personal, sino fundamentalmente de la capacidad para entregarnos o desprendernos de nuestras limitaciones personales.

Mientras practicamos asanas, necesitamos recordar nuestra naturaleza divina y el motivo de nuestra práctica yóguica.

La Conciencia Testigo en Hatha Yoga
Este tipo de Hatha Yoga emplea la actitud de la Conciencia Testigo. Sin embargo, existe un secreto oculto sobre esta actitud. La armonía de la asana induce espontáneamente a una intuición de la conciencia del ser divino. Y, de forma recíproca, nuestro propio conocimiento intuitivo de nuestra naturaleza divina, el desapego del cuerpo físico, genera que la energía fluya más libremente, de forma que la efervescencia espiritual, el Sagrado tremor del Corazón, pueda despertarse con mayor facilidad. Mediante Hatha Yoga aspiramos a la completa liberación y felicidad de la Existencia Pura, del «Yo Soy».

En esencia, Hatha Yoga crea una mayor fluidez de las energías en nuestro ser. Si la actitud es correcta, además de flexibilidad y relajación, también nos sentiremos más equilibrados/as y libres. En general, mediante la práctica del Yoga se puede aumentar la energía, el prana. El Pranayama, el control de la respiración, constituye otro método para incrementar la conciencia de nuestras energías.

Sin embargo, incluso si la energía vital es muy fuerte, también es esencial disponer del discernimiento para expresarla de una forma adecuada. Por lo tanto, en Hridaya Yoga la práctica también apunta a realizar un uso sabio de esta energía. En este caso, la amplificación de la energía está acompañada de un desarrollo de la capacidad de atestiguar dichas energías, de una Atención Abierta. Todo ello fructifica en una mayor claridad y capacidad de enfoque en el Corazón Espiritual. Esta actitud favorece la creatividad, la habilidad para aproximarse a los aspectos de la vida que nos inspiran. La fuerza de la vida contiene nuestra belleza y creatividad.

La sesión de Hatha Yoga se considera un todo, como una danza única, como una comunión con la propia vida, como una expresión de un impulso único por celebrar y revelar nuestra naturaleza divina: el Corazón Espiritual.

Comenzar y mantener la postura de Yoga

 a) La sensación corporal de los límites se disuelve a través de la relajación

En Hridaya Yoga consideramos que si se experimenta dolor durante la realización de una asana, entonces desaparece el Yoga. El camino hacia la disolución de los límites corporales no se desarrolla padeciendo dolor.

De forma natural, a cualquier tensión potencial le sigue una negación, un rechazo. Pero si la postura causa una tensión inherente, se debe aceptar dicha tensión con desapego. No se niega, no se reprime, sino que se permite que la asana la disipe gracias a las energías armónicas a las que nos conecta esa determinada asana. Es muy importante que recordemos no convertir en objetivo la apariencia de una postura de yoga, sino permitir que el cuerpo encuentre su posición final mientras los músculos y ligamentos se relajan.

Realizadas de esta manera, las asanas catalizan la sanación y la transformación espiritual. Constituyen oportunidades para remodelar mente y alma, liberar tensiones y tendencias egóticas subconscientes de forma incondicional, mediante el «condicionamiento» y una actitud de felicidad y entrega.

b) Durante las asanas, la atención se irradia del interior al exterior

Sin embargo, existen incontables asanas que requieren de cierto esfuerzo inevitable. Continúa siendo importante no centrarse en las tensiones que emergen durante la práctica de las asanas ni en las dificultades de la respiración asociadas a ese esfuerzo, sino enfocarse en el trasfondo de quietud que irradia desde el Corazón. De este modo, no nos olvidamos de nuestra naturaleza divina, de lo que realmente somos.

Ésa es la razón por la que durante la práctica de las asanas, nuestra atención se irradia hacia fuera, desde el Corazón Espiritual hacia el mundo exterior. Es en este espacio de absoluta felicidad donde todas nuestras tensiones se disuelven y desaparecen.

c) La transformación no sigue al esfuerzo personal
Más bien, sigue a nuestra tendencia inherente a expandir y trascender nuestros límites.

La quietud de nuestro Corazón va a seguir «diciéndonos» hasta dónde podemos llegar doblándonos o estirándonos en una postura determinada. Por lo tanto, el progreso no es el resultado de un esfuerzo personal, sino que esencialmente sigue a nuestra tendencia inherente a trascender nuestros límites. Esta tendencia natural se genera espontáneamente mediante el conocimiento intuitivo de nuestra naturaleza verdadera.

De esta manera, el «peso» de nuestro foco no se sitúa en nuestro esfuerzo, sino en el Corazón Espiritual y en su paz, apertura y felicidad inherentes.

d) El equilibrio entre esfuerzo y relajación

Relajación y entrega no son sinónimos de pasividad e inercia. La práctica de las asanas está diseñada para establecer un equilibrio entre esfuerzo y relajación mientras nos desprendemos del inconsciente egocéntrico personal. Las asanas se realizarán con alegría, en lugar de con obsesión por una ejecución perfecta o con una actitud agresiva hacia nuestro cuerpo. Nuestra intención y actitud positivas otorgan fluidez y dirección espiritual a la energía.

Rigor técnico – Un marco simple para expresar el Arte Espiritual que constituye Hridaya Yoga

A través de la realización de las asanas, se glorifica el espíritu, nuestra naturaleza divina. Por lo tanto, consideramos que la habilidad de armonizarse con la vibración esencial, el Sagrado tremor del Corazón, spanda, es de mayor importancia que la flexibilidad.

Por esta razón, el papel del profesor de Yoga es fundamentalmente despertar en los estudiantes el amor, la belleza, la confianza, la libertad y la creatividad, en lugar de centrarse en las limitaciones y errores.

En la práctica de casi cualquier asana, en algún momento sentimos que hemos alcanzado nuestros límites físicos de flexibilidad, duración de la postura, etc. Si permitimos que estos límites nos detengan, si nos centramos principalmente en estos límites, nos olvidaremos de la omnipotencia y cualidad infinita de nuestra naturaleza divina.

Un actitud exageradamente crítica provoca contracción y miedo e impide que el estudiante se abra al infinito.
Mediante una amplificación de la creatividad y la libertad, pretendemos crear un arte espiritual de la práctica del Hridaya Yoga.
El rigor técnico y la precisión de nuestros métodos constituyen el propio marco mediante el cual permitimos la libre expresión de nuestras aspiraciones espirituales. Cuando se realiza de forma correcta, la práctica de Hridaya Yoga nos abre a la vida, al espíritu y, por lo tanto, elimina nuestros miedos, conflictos y represiones.

Cada uno/a de nosotros/as tiene algo único y valioso que ofrecer. Tanto durante la meditación como en la práctica de las asanas, las dimensiones más profundas de nuestro ser se ofrecen al Espíritu, al Corazón Espiritual, al Infinito.

La creatividad inherente a la práctica de asanas

Hridaya Yoga evita una práctica árida, mecánica. De hecho, se esfuerza en despertar las cualidades y creatividad de los estudiantes mediante la felicidad, el amor y la claridad que genera la Atención Abierta, empleada como una actitud interna durante la práctica de las asanas.

La sesión de Hatha Yoga, ya se realice de forma individual o en grupo, no se planifica de forma rígida. Se trata más bien de un acto creativo desde el corazón, un intento sincero, una verdadera celebración de la vida.

Mediante la apertura a la transición y fenómenos sutiles que pueden ocurrir, la personalidad y la conciencia estrictamente relacionadas con el cuerpo se disuelven de forma gradual abriendo el paso a una paz e inspiración transpersonales.

El modo en que nuestra personalidad se refleja en Hatha Yoga

Existe un sinnúmero de actividades y actitudes a través de las cuales nuestra personalidad se refleja a sí misma. El modo en que comemos, vestimos o hablamos revela las dimensiones de nuestra personalidad. Este principio es aún más obvio en el caso de la práctica del Yoga.

Por lo tanto, es de suma importancia comprender y ser consciente del modo en que «nos reflejamos» a nosotros/as mismos/as en las asanas o en las posturas meditativas.

Nuestra transformación comienza en la mera actitud con que comenzamos una postura. Por otro lado, si impregnamos la práctica de elegancia, armonía, entrega y refinamiento, el Yoga se torna una vía para generar dichas cualidades en el conjunto de nuestra vida.

El papel del cuerpo físico

En Hridaya Yoga, el cuerpo físico se considera un instrumento divino diseñado para usarse de modo que nos permita alcanzar una experiencia extática al reconocer y glorificar el Ser Infinito, la no dualidad, Advaita, en el ámbito de la multiplicidad, Samsara.

El cuerpo físico es una manifestación majestuosa del espíritu, no simplemente una masa de materia densa. Y, del mismo modo, nuestros pensamientos, deseos, pasiones y emociones no son obstáculos en el camino del despertar espiritual que tenemos que reprimir. Más bien, constituyen herramientas para la expansión de la conciencia individual e, incluso, para trascenderla.
Nuestro cuerpo físico y las energías sutiles suponen un regalo divino concebido para ayudarnos a descubrir el sentido más profundo de nuestra libertad.

Como estudiantes de Hridaya Yoga, aspiramos con toda nuestra alma a desarrollar y refinar, en el sentido más profundo, todos los aspectos de nuestro ser: cuerpo, mente, intuición, claridad mental, pureza en las emociones y todas nuestras virtudes más profundas.

a) La memoria ancestral del cuerpo

Mantener la conciencia del Corazón Espiritual durante las meditaciones, así como durante la práctica de las asanas nos llena de pura energía, la energía de «SER», que se manifiesta a sí misma en nuestro cuerpo físico. De este modo, se produce una condensación de las constantes transformaciones espirituales en el cuerpo físico. Asimismo, durante la meditación, cuando se genera una expansión de la conciencia, el cuerpo se inunda de felicidad y, en lo más profundo de sus células, «memoriza» la realidad beatífica. La memoria verdadera, la memoria «ancestral» reside en la totalidad del ser, no sólo en el cerebro.

b) Una llave para estabilizar la mente

El cuerpo físico es una suerte de «estabilizador» de nuestras emociones y pensamientos. Por ejemplo, incluso tras una meditación profunda, la mente puede reanudar su agitación y dinamismo habituales en tan sólo unos minutos. Esta situación puede resultar desalentadora. Y así nos encontramos preguntándonos a nosotros/as mismos/as qué hacer. Nuestro cuerpo es más estable que nuestros pensamientos.

Nuestro cuerpo es capaz de aferrarse a los ecos de quietud y felicidad experimentados durante la meditación durante más tiempo. Por lo tanto, la conciencia corporal es muy importante. Asimismo, cuando somos conscientes de nuestros cuerpo, somos conscientes de los ritmos de la vida. Y, de hecho, estos ritmos constituyen los ritmos del universo vivo que los acuna. Dichos ritmos son nuestras directrices vitales.
Las actitudes básicas sobre el cuerpo físico

a) La transfiguración del cuerpo

Hatha Yoga también crea un tipo de apertura a la Realidad Espiritual en el cuerpo físico. Esta apertura espiritual puede sentirse en el cuerpo físico y puede conllevar innumerables revelaciones. Por este motivo, en Hridaya Yoga no nos enfocamos en cambiar el cuerpo físico. Sin embargo, las transformaciones del cuerpo físico sí se producen como efecto de tornarse libre de apegos, de «complicidad» con el cuerpo físico. Para poder experimentar este estado de transfiguración del cuerpo tenemos que liberarnos de la idea de un cuerpo puramente material, sólido, pesado, sujeto a la inercia, así como tenemos que estar en un estado de profunda relajación de nuestro cuerpo.

b) El cuerpo físico experimentado como un espacio infinito

La transfiguración del cuerpo durante la práctica de las asanas, permite que el cuerpo sea puro, ligero y radiante. No se trata de una idea nueva. Existen varios métodos sencillos que nos permiten experimentar la disolución de los límites de la conciencia corporal (la sensación de que nuestro cuerpo ha perdido los límites físicos impuestos por su forma y sustancia).

En textos antiguos, como el Tantra Vijnana Bhairava, se encuentran varios «sutras» que mencionan que el cuerpo físico puede experimentarse como un espacio vacío e infinito. Las mismas actitudes (de experimentar la disolución de los límites corporales) se recomiendan durante nuestras sesiones de Hatha Yoga. Por lo tanto, nos podemos desprender incluso de la memoria de la forma de nuestro cuerpo físico.

Esta comprensión se alcanza mediante una actitud mental adecuada y una relajación profunda. Y durante las sesiones de Meditación y el Hatha Yoga nos hacemos conscientes de que la materialidad y opacidad de nuestro cuerpo no son más que las consecuencias de nuestras tensiones, estrés y apegos.

 
c) Las tensiones emocionales y el cuerpo físico

Normalmente, cuando el estrés, las tensiones y preocupaciones se vuelven crónicas, se manifiestan como enfermedades del cuerpo físico.

Un sinnúmero de tensiones emocionales, conflictos y dudas mentales se somatizan en nuestro cuerpo físico. Esta intimidad con nuestro propio cuerpo se ve limitada por nuestros conflictos mentales. Por lo tanto, se trata de una actitud mental, no física. No se requiere una fuerte intuición para leer el sufrimiento o el miedo en el rostro de una persona. Las tensiones internas pueden generar muchos problemas y enfermedades, desde migrañas a gastritis e, incluso, úlcera. Pero incluso en caso de que no se hayan expresado todavía de forma crónica en el cuerpo físico, las presiones psicológicas y las preocupaciones constantes de la vida diaria tienen desafortunadas consecuencias en nuestro cuerpo físico y estructura energética.

d) Desapego del cuerpo físico

La forma más sencilla de eliminar tensiones es dormir. Las excepcionales virtudes del sueño se derivan fundamentalmente del desapego del cuerpo físico. Pero dormir sólo es un olvido temporal, un escape al inconsciente. Sin embargo, nos enseña algunas cuestiones fundamentales -cómo desprendernos del cuerpo físico y ser libres de su total identificación- que son de gran importancia para la revelación de la libertad y felicidad de nuestra naturaleza divina.

Como principio general, una estructura (el cuerpo físico, mental o psíquico) puede estar en armonía con la Integridad o Totalidad en la medida en que esté libre de identificación con una conciencia personal reactiva y egoísta. La comprensión de este principio cambia nuestra «representación» sobre lo que es Hatha Yoga y puede mejorar radicalmente nuestra práctica.

e) Ser libre no «del cuerpo», sino ser libre «dentro del cuerpo»

Consideramos que la tendencia hallada en algunas tradiciones ascéticas de negar el cuerpo físico conlleva profundas limitaciones, incluso si hay razones que sustenten dicha tendencia. No nos planteamos como objetivo eliminar el cuerpo, sino eliminar nuestra restrictiva identificación con él. De este modo, en lugar de somatizar las tensiones en el cuerpo físico, las somatizaremos en el espíritu, la luz que llevamos hasta el cuerpo físico. Por tanto, durante la práctica de cualquier asana, podemos sentir la vibración del amor, de la felicidad, de la libertad. De esta manera, «incorporamos» cualidades divinas.

La práctica de varias posturas específicas de Yoga genera una depurada capacidad para expresar el espíritu humano.

f) Nirmaya Kaya o el cuerpo físico completamente purificado

La tradición budista Mahayana introdujo un concepto que nos puede ayudar a adquirir una mejor comprensión y actitud acerca del cuerpo físico durante las asanas y la meditación. Se trata de Nirmaya Kaya (el Budismo incluye la Doctrina Trikaya sobre los tres cuerpos de Buda que expresan su naturaleza: el dharma kaya, el sambhoga kaya y el nirmana kaya. Estos son el cuerpo causal, el cuerpo astral y el cuerpo físico de un ser iluminado).

Nirmana Kaya describe el cuerpo físico de un ser liberado. Los seguidores del Budismo se esfuerzan, mediante diferentes técnicas, por alcanzar el estado de un cuerpo perfectamente purificado y alquimizado físicamente. Pese a que pueda resultar más fácil imaginar los cuerpos sutiles perfectamente puros de un ser iluminado, todavía puede que nos preguntemos cómo se ve un cuerpo físico puro.

Sencillamente, se trata de un cuerpo físico sin traza alguna de tensión física ni mental, un cuerpo físico libre de traumas, miedos, prejuicios, sufrimiento y tensiones internas. Desde este punto de vista, Nirmana Kaya (también denominado, «el cuerpo original») es como el cuerpo físico en el momento en que nos despertamos o en el momento en que nacemos al mundo físico (el cuerpo de un recién nacido).

Viene con una noción de verdad, de transparencia, de claridad, ya que no rechaza nada, lo incluye y abraza todo, como luz blanca que contiene la integridad del espectro del arcoiris.

g) Sama-Rasa

Otro concepto que inspira nuestra práctica en Hridaya Yoga es Sama Rasa, entendido como «equilibrio» o «esencia pareja». Ésta fue una noción importante en la tradición de Siddha Yoga (entre los siglos VIII y XII a.C.). Dicha tradición se basó en la vida y enseñanzas de ciertos seres perfectos, los mahasiddha. Las aspiraciones en esta tradición incluían la perfección del cuerpo físico e, incluso, la inmortalidad física.

De hecho, el mero empeño por «cultivar el potencial latente del cuerpo físico» hizo que apareciera el Hatha Yoga. Por lo tanto, el Hatha Yoga fue originalmente creado para revelar y expresar nuestra naturaleza divina.

Sama Rasa expresa el proceso de apertura a las energías divinas, también al nivel del cuerpo físico. Sama Rasa es la condición del ser humano en la que el cuerpo físico expresa -a su nivel- la perfección divina.

Por este motivo, en Hridaya Yoga, el Hatha Yoga constituye la armonía entre el plano humano y lo Divino.
h) La vuelta de las energías a su fuente mediante la aceptación y la apertura

La conciencia de nuestra naturaleza divina, del Corazón Espiritual, funde amorosamente cualquier tensión y nos libera de cualquier contracción, también a un nivel orgánico. Mediante el proceso de sublimación, las emociones, tensiones y todas las energías en general, regresan a su fuente, a la vibración original: spanda.

En Hridaya Yoga, la práctica de Hatha Yoga está diseñada para alcanzar una transparencia espiritual en todos los niveles del ser, incluyendo el físico. En general, el cuerpo físico está traumatizado por nuestras reacciones, por la agresividad de nuestra psique. Ahora, mediante la aceptación y la apertura, se expresa de forma natural.

i) Un cuerpo glorioso

El cuerpo físico percibido como tal durante las asanas o durante las posturas meditativas, se torna una realidad progresivamente más fluida y depurada, que de forma gradual nos induce a una experiencia de «desmaterialización» sui generis.

Por ello, el cuerpo físico se convierte en un «cuerpo glorioso» cuando, debido a la fluidez energética alcanzada, conseguimos percibirlo no como una masa sólida y resistente -como sucede habitualmente-, sino como una energía sutil y radiante.

De este modo, el cuerpo ya no es una herramienta para alcanzar la felicidad y la libertad, sino que también se convierte en felicidad y libertad en sí mismo.

j) Kaya Sthairyam, la inmovilidad del cuerpo – el primer nivel de ausencia de límites

De forma adicional, después de haber comenzado la asana gradualmente, la inmovilidad del cuerpo (denominada Kaya Sthairyam) representa la expresión corporal de la quietud de la mente. Durante las asanas, la inmovilidad y la quietud libres de toda contracción, combinadas con atención abierta y lucidez, nos permiten abrirnos al puro «Yo Soy».

La quietud anuncia la conciencia del eterno momento presente, del Ahora liberado de las distracciones del proceso de convertirse. A medida que el sentimiento de inmovilidad se torna más profundo debido a una profunda relajación, el apego al cuerpo físico se vuelve cada vez más débil, mientras que la conciencia de paz y quietud se hace cada vez más obvia.

La atención se mueve del cuerpo físico o las energías a esta quietud y silencio. Esta quietud transpersonal más allá de la mente es la fuente real de nuestro poder. Nuestro ser pierde sus límites mediante la conciencia de la Quietud.

k) La continua conciencia de la atención abierta 

Por lo tanto, la sesión de Hatha Yoga debería concebirse de forma integral, manteniendo el estado de Atención Abierta, del Momento Presente, del Ahora. De este modo, comenzar y concluir una asana dejará de señalar momentos de conciencia interrumpida.

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