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Acerca de la pregunta “¿Quién soy?” en la meditación para la revelación del Corazón Espiritual, Atman

Ramana Maharshi denomina la Indagación del Ser como “lo más sagrado entre lo sagrado”. Sin duda, es un método revolucionario en espiritualidad.

Hay una afirmación esencial de Ramana, la cual explica las razones por las que este método es único:

“Lo que es imprescindible en toda sadhana [práctica espiritual] es el tratar de traer de vuelta a la mente incansable y fijarla en una cosa sola. Por qué, entonces, no se la debería fijar en la auto-atención (esta sensación del “Yo”)? Esto solo es la Indagación del Ser (atma-vichara). ¡Es todo lo que hay que hacer!” Sri Sadhu Om [Michael James, trad.], La indagación del Ser. El camino de Sri Ramana Maharsi. Primera parte, Editora Yug, México, 1996.

La Indagación del Ser es la conciencia de la conciencia misma. Nos transporta más allá de toda dualidad, pues el objeto de la meditación (el “Yo”) es revelado, en última instancia, como el Sujeto mismo (la Conciencia transpersonal).

Sin embargo, con el fin de que la pregunta “¿Quién Soy?” nos acerque a nuestra verdadera naturaleza, en otras palabaras, preguntar de verdad “¿Quién Soy?” de manera eficiente, es necesario un cierto entendimiento y madurez espiritual.

No hay una respuesta racional
Para empezar, debemos entender que no se puede responder de manera racional e intelectual dicha pregunta.

Cuando afirmamos “Entiendo, yo sé quién soy”, de hecho estamos conceptualizando algo que en realidad es inefable.

Atención Abierta
El hacer “la Pregunta” mientras estamos enfocados en la cabeza puede estimular la mente y hacer de este proceso de indagación nada menos que imaginería mental.

Cuando abandonamos todo intento por conocer la respuesta en nuestra mente (cuando simplemente aceptamos un “no lo sé”), nos encontramos en un estado de Atención Abierta.

La diferencia entre Jnana y Conocimiento Intelectual
El conocimiento racional se caracteriza por la dualidad, es secuencial y siempre parcial.

Mas cuando relacionamos el Corazón Espiritual con nuestro verdadero “Yo”, este conocimiento debe ser de otro tipo, total y completo. Ello sólo es posible si nuestro Ego -con su personalidad, mente, sentimientos, etc., no interviene.

Asombro
Toda indagación acerca de quiénes somos en realidad, da pie a una sensación de sobrecogimiento, de asombro sagrado, pues escapa toda lógica.

Luego, debido a la actitud de Entrega, tenemos la sensación de que todos nuestros límites se disuelven en el infinito y se produce un realineamiento de nuestras energías. En él, todas ellas convergen en el Sujeto máximo -el Corazón Espiritual (que conlleva belleza, amor, libertad). Por lo tanto, debemos plantear la pregunta “¿Quién Soy?” sin esperar una respuesta racional. Más bien, habremos de plantearla en un estado de Entrega al sagrado estupor, a la intuición mística acerca de quiénes somos en realidad.

Del pensamiento a la existencia pura
De esta manera, abandonamos todo criterio tradicional del conocimiento, pues nos damos cuenta de que la mente no puede contener en sí el misterio de la respuesta. Por ende, el énfasis cambia de la preocupación por averiguar quiénes somos (lo que, al comienzo de la Indagación del Ser se lleva a cabo de acuerdo con nuestra mentalidad tradicional -la mente racional) a la presencia pura del Corazón Espiritual.

Amando la Pregunta
Podemos amar, admirar y acoger esta intuición-interrogación con respecto a nuestra propia existencia. Consecuentemente, de manera gradual, ésta dejará de tener un carácter racional, objetivo y consciente.

Dado que es una respuesta imposible de formular, nos liberaremos de la trampa de la conceptualización. Seremos capaces de acceder a la totalidad que la Conciencia del Corazón Espiritual despierta en nosotros.

El arte de mantener la Pregunta en nuestro Corazón
La pregunta “¿Quién Soy?” deberá ser repetida con sinceridad, tan seguido como sea posible, pero no habremos de preguntar con la mente pues recibiríamos sólo respuestas superficiales conectadas con aquéllo que ya conocemos acerca de nosotros y nuestros recuerdos del pasado.

Además, para vivir bajo la marca de “la Interrogante” saboreando el estado de misterio que se despierta en el Corazón Espiritual, mas sin permitir conceptualización alguna, aprenderemos otra forma de existencia.

En esta nueva actitud, domina la intuición de nuestra Realidad Máxima y nos encontramos en un estado perpetuo de entrega y de expectativa, en una apertura incondicional hacia el misterio inefable del puro “Yo Soy”.

Haciéndonos conscientes de como La Pregunta despierta orgánicamente en nosotros
La pregunta “¿Quién Soy?” existe en nosotros en un estado latente y emana profundidad, así como crea armonía en la totalidad de nuestro ser. Esta armonía en sí misma, contiene el reconocimiento de nuestra existencia divina.

Lo que queda es simplemente un sentimiento de intenso reconocimiento. Éste se origina en la inconmensurable profundidad de nuestro ser.

La respuesta antecede “La Pregunta”
Se afirma que la pregunta “¿Quién Soy?” viene a ser formulada espontáneamente cuando la respuesta-intuición acerca de nuestra verdadera naturaleza ya se encuentra esbozada.

Neutralidad y Entrega
La pregunta “¿Quién Soy?” es de una naturaleza muy particular pues hace que la mente entre en un estado de vacío.

Si contamos con una sabiduría y entrenamiento adecuados, de modo que no superpongamos nada sobre este vacío (ningún concepto o atributo), la Realidad de nuestro Corazón Espiritual, atman, emergerá.

Armonía acarreada por la Entrega
El Corazón Espiritual, siendo el Sujeto Máximo, no puede ser conocido a través de métodos o sistemas. Cuando realmente comprendemos esto, emerge una Entrega que penetra todo nuestro ser; todas las energías internas que eran movilizadas previamente por pensamientos, deseos y por nuestra personalidad en general, entran en un equilibrio de Paz.

La Pregunta y “Neti Neti”
El tratar de revelar “lo Inefable” con la ayuda de la pregunta “¿Quién Soy?” no es una meditación común sobre un objeto en específico.

El Corazón Espiritual, atman, no es -como lo hemos afirmado con anterioridad- un objeto. En esta meditación permanecemos lúcidos, sin interpretar, sin juzgar, simplemente acompañamos esa sensación íntima de existencia. Dicha sensación no nos es desconocida, simplemente tendemos a ignorarla debido a las distintas identificaciones con el cuerpo, la mente, etc.

Se deduce que la mente tiende a aferrarse a conceptos con el deseo de explicar y hacer objetiva la experiencia inefable del Ser Supremo. Es necesario recordar la famosa negación Vedanta: “Neti, Neti.” (no esto, no aquéllo).

El sendero de la Indagación del Ser es, de hecho, la eliminación de todo lo conocido, pues por el momento, carecemos del conocimiento acerca de la naturaleza del Ser Supremo se encuentra ausente. Sólo mediante la eliminación de lo conocido (nuestros pensamientos, percepciones y emociones) será posible revelar el “Yo” máximo, el Eterno Presente.

Por lo tanto, nos sumergimos en una atención que se torna cada vez más íntima y profunda con respecto a nuestra verdadera naturaleza.

La Quietud
Esta Pregunta en sí misma nace de la quietud y se alimenta del silencio que a veces creamos en nuestra mente y en nuestro ser. Así, debido al silencio, emerge naturalmente la conciencia interior espontánea acerca de quiénes somos.