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A la temprana edad de dieciséis años, cuando él ni siquiera era consciente del hecho que “Esta es la práctica espiritual de la auto-indagación que otorga directamente la experiencia del Ser”, sucedió un día que, sin ninguna intención previa, Sri Ramana se embarco en esta inusual práctica espiritual.

Ese día, como si estuviera a punto de morir, un gran miedo a la muerte lo poseyó de repente. Por ello, un impulso para examinar la muerte también surgió en él espontáneamente.

Él no se perturbo al ver la muerte acercarse rápidamente, ni la inclinación a informar a los demás acerca de ello. Decidió darle la bienvenida con calma y resolver el problema solo. Se acostó, estirando sus miembros como un cadáver, y comenzó a escudriñar la muerte prácticamente, cara a cara.

Está bien, ¡La muerte ha llegado!, ¿qué es la muerte? ¿Quién es que está muriendo? Es este cuerpo el que muere; ¡déjalo morir! Tomando esta decisión, cerrando mis labios con fuerza, y manteniéndome sin respirar o hablar como un cadáver, lo que llegó a mi conocimiento al mirar dentro fue: “Este cuerpo está muerto. Ahora será llevado a los crematorios y se quemará: se convertirá en cenizas, está bien, pero con la destrucción de mi cuerpo, ¿yo también seré destruido? ¿Soy Yo este cuerpo?

A pesar que este cuerpo esta tumbado como un cadáver sin palabras y sin aliento, sin duda, Yo existo. ¡Al margen de esta muerte, mi existencia brilla clara y sin obstáculos!, así que este cuerpo perecedero ¡no es quien “Soy”! Yo soy en verdad, el inmortal (Ser) de todas las cosas, yo solo soy la realidad. Este cuerpo está sujeto a la muerte; pero el Yo que trasciende el cuerpo ¡vive eternamente!, incluso la muerte que llegó al cuerpo no fue capaz de tocarme.

“Así amaneció, directamente, y con ella el miedo a la muerte que había llegado también se desvaneció, ¡nunca aparecerá de nuevo! Todo esto se vivió en una fracción de segundo, como un conocimiento directo y no como meros pensamientos de razonamiento. A partir de entonces, la conciencia de mi existencia que trasciende el cuerpo ha continuado por siempre”. (De “El camino de Sri Ramana”, primera parte, capítulo 8 – Sadhu Om).

Un día me senté solo en el primer piso de la casa de mi tío, me encontraba en mi estado habitual de salud, rara vez me enfermaba, yo tenía el sueño pesado… Así que, en ese día cuando me senté a solas no había nada malo con mi salud. Pero un miedo repentino e inconfundible de la muerte se apoderó de mí. Sentí que me iba a morir.

Por qué sentí eso, ahora no puedo explicar, como algo nunca antes sentido en mi cuerpo. Tampoco podía explicarlo a mí mismo entonces. No obstante no tuve problemas para descubrir si ese miedo estaba arraigado. Yo sentí “Voy a morir”, y de inmediato me puse a pensar en lo que debería hacer. No me importo consultar doctores o personas mayores, incluso amigos. Yo sentí que tenía que resolver el problema por mí mismo en ese momento.

El choque del miedo a la muerte me hizo de inmediato introspectivo, o introvertido.

Me dije a mi mismo mentalmente, es decir, sin pronunciar palabras –Ahora, la muerte ha llegado. ¿Qué significa? ¿Que es lo que está muriendo?, este cuerpo muere.

Y en ese momento dramaticé la escena de mi muerte. Extendí mis miembros y los mantuve rígidos como si el rigor-mortis se estableciera en mí. Imite un cadáver para darle un aire de realidad a mi investigación. Contuve la respiración y mantuve mi boca cerrada, apretando los labios con fuerza para que ningún sonido pudiera escapar. Sin que la palabra “Yo” o cualquier otra palabra pudiera ser pronunciada.

Entonces, me dije a mi mismo, “Este cuerpo está muerto, será llevado rígido hacia los crematorios, y ahí se quemará y reducirá a cenizas. Pero con la muerte de este cuerpo, ¿“Yo” muero? ¿Es acaso el cuerpo “yo”? Este cuerpo esta silencioso e inerte, pero yo siento la completa fuerza de mi personalidad e inclusive el sonido “yo” dentro de mí, mas allá del cuerpo. Entonces “yo” soy espíritu, algo que trasciende el cuerpo. El cuerpo material muere, pero el espíritu que lo trasciende no puede ser tocado por la muerte, por lo tanto yo soy este espíritu que no muere.”

Todo esto no fue un proceso meramente intelectual, Pero brilló ante mí vívidamente como la verdad, lo cual inmediatamente, casi sin ningún argumento. “Yo” era algo muy real, lo único real en ese estado, y toda la actividad consciente conectada con mi cuerpo estaba centrada en eso.

El “Yo” o mi “Ser” estaba sosteniendo el centro de atención por una poderosa fascinación de ese momento en adelante. El miedo a la muerte había desaparecido de una vez y para siempre. La absorción en el Ser ha continuado de ese momento hasta ahora. Otros pensamientos vienen y van como las notas de un músico, pero el “Yo” continua como la nota sruti básica o fundamental que acompaña y se mezcla con el resto de las notas.

Ya sea que el cuerpo se dedique a hablar, leer o cualquier otra cosa, Yo me mantengo centrado en el “Yo”. (De “Ramana Maharshi: Su Vida”– Gabriele Ebert)