Sublimación
Cuando se abraza y se le da la bienvenida a una emoción con una atención libre de patrones mentales o de reactividad personal, la energía se transforma de un modo natural. La energía se purifica en el horno alquímico del Corazón. Ésta es la forma más natural de sublimar las energías y emociones individuales.

Mientras que tanto las energías como los estados mentales no se abracen en el seno de la quietud de la Presencia Pura, de la Conciencia Testigo, del Corazón Espiritual, los cambios continuarán sucediendo a un nivel individual. Debido a esto, estarán más o menos gobernados por intenciones bajas basadas en el ego. Este tipo de cambio de energía o de estado mental sólo es «horizontal». No permite un salto espiritual vertical, de la esfera de la conciencia individual a la Presencia Pura.

Hablando acerca del significado de la sublimación, Daniel Odier afirmó:

«Al Yoga físico debemos añadirle un yoga del acompañamiento sin fin de todas las “emergencias” de vuelta a su fuente. Ésta es posiblemente la parte más importante de nuestro trabajo. Se fundamenta en la percepción de que todo emerge de la tranquilidad y regresa a ella tras un viaje sensorial, emocional y mental». -Daniel Odier – Yoga Spandakarika, Inner Traditions, 2005, página 141

Por consiguiente, aprendemos una actitud diferente en la que la conciencia del Corazón Espiritual acompaña a la energía, la sensación o el estado mental. Todas ellas se experimentan sobre el trasfondo de inherente quietud del Corazón Espiritual. Ésta es la tranquilidad y pureza de Spanda. En las experiencias ordinarias, ignoramos el trasfondo, permaneciendo siempre en la superficie de la continua agitación de los estados mentales, pensamientos, humores, sentimientos, emociones, sensaciones, etc.

En Hridaya Yoga, la sublimación incluye:

  • La conciencia del Corazón Espiritual, del «Yo» puro, mientras que la experiencia en sí misma continúa (éste es un tipo de intuición de la quietud que permanece en el trasfondo)
  • La conciencia del Corazón Espiritual, del «Yo» puro que se despliega de forma natural al término de un pensamiento, emoción, sensación, etc. (Ahora, la quietud no es simplemente el trasfondo, sino también el «contenido» de la conciencia)

Cuando aparecen pensamientos, emociones o sensaciones, aceptamos aquello que hay sin rechazarlo, luchar contra ello ni identificarnos con ello, y mantenemos una conciencia del trasfondo del Corazón Espiritual. Cualquier control, cambio, transformación, sublimación energética, pensamiento, emoción, etc., si es necesario, se dará sin ninguna lucha personal desde el íntimo impulso del Corazón Espiritual.

Ésta puede constituir una actitud completamente nueva para uno y, al principio, puede resultar poco común o difícil. Sin embargo, esto es así no porque parezca antinatural, sino debido a un largo condicionamiento asociado a nuestra identificación con una existencia «en la superficie» -un mundo de meros humores, pensamientos y emociones.

a) La actitud interna hacia las preocupaciones

Cuando le preguntaron cómo aprender a eliminar las preocupaciones, Nisargadatta Maharaj dijo: «No hay necesidad de preocuparse por los problemas. Elige simplemente SER. No intentes estar tranquilo; no hagas de “estar tranquilo” una tarea que realizar. No te preocupes por “estar tranquilo”, o “infeliz por ‘ser feliz’”. Simplemente sé consciente de tu SER y permanece consciente. No digas “Sí, Yo soy, y ahora, ¿qué sigue? No hay “un qué sigue” en “Yo soy”. Es un estado que trasciende el tiempo».

b) La no reactividad sustituye las respuestas basadas en el ego

La no reactividad es una actitud importante en la meditación y en la vida: no ser reactivo a la presión del tiempo, de los pensamientos ni de las emociones. Pero incluso más importante que no ser reactivo a la mente y al contenido psicológico es mantener un estado de conciencia y, por consiguiente, no responder de forma reactiva personal a los patrones mentales y emocionales desarrollados en nuestras vidas. Estos patrones psicomentales son subyacentes a nuestra vida, han construido nuestro karma. La tendencia reactiva es prácticamente omnipresente en la vida del ego, ya que alimenta el ego.

Aquel que busca el gozo, puede disgustarse por todo aquello que no es gozo;

Aquel que busca la paz, puede disgustarse por todo aquello que no sea dicha paz;

Aquel que busca la pureza, puede molestarse por aquello que no es puro.

La búsqueda basada en el ego estimula el rechazo de todo lo que resulte opuesto al objeto de búsqueda.

c) No hay nada personal en el dolor

En Hridaya Yoga, desarrollamos una intimidad con «Lo que es», sin compararlo con «Lo que tendría quer ser». De forma que el énfasis no reside en «corregir» algunos errores o en luchar con los propios «pecados», sino en una conciencia intuitiva de nuestra naturaleza divina, del Corazón Espiritual.

El Corazón Espiritual es la expresión o la «dimensión» de la Perfección de nuestro ser, de la existencia en general.

Éste es el significado de la sublimación en Hridaya Yoga. Por tanto, la transformación sucede de forma espontánea porque está sustentada por el poder, la sabiduría y la luz de la Infinitud en nuestro interior.

Hablando de la naturaleza del dolor humano y de la actitud correcta hacia ella, en la que nos liberamos de nuestras reacciones personales, Eckhart Tolle afirma:

«No hay nada personal en el dolor humano. Es simplemente una presión intensa o una energía intensa que uno siente en algún lugar del cuerpo… Observa qué ocurre cuando permites que el sentimiento sea».

De nuevo, la clave reside en la conciencia del Corazón Espiritual, la conciencia de aquello que realmente somos:

«Cuando no eres consciente de esa esencia interna, al final, siempre creas miseria. Es tan simple como eso. Cuando no sabes quién eres, creas una mente convertida en ser como sustituto de tu propio ser divino, hermoso, y aferrarse a ese ser miedoso y necesitado. Proteger y aumentar ese falso sentido del ser se convierte después en tu fuerza motivador primaria». -Eckhart Tolle, La Quietud Habla, New World Library, 2003, páginas 106-107, página 48

Cuando mantenemos nuestra conciencia en el Corazón Espiritual, nuestras transformaciones individuales se sincronizan con las transformaciones cósmicas.

Por tanto, nos trasladamos de «cambios fuera de fase» en la psyche y la mente a «transformaciones sincronizadas». Comenzamos a sentir la pulsaciones de los ritmos cósmicos en nuestro ser.

d) Celebración de la fuerza creativa de la Vida

A medida que interiorizamos esta actitud, nos hacemos cada vez más conscientes de Spanda, el Sagrado Temblor del Corazón Espiritual. Gracias al poder revelador de este Sagrado Temblor somos conscientes de que nuestro ser está anegado por energías divinas. Todas ellas son expresiones puras de nuestra esencia última, atman.

A esta comprensión profunda le sigue de forma natural la aspiración de expresar y celebrar en libertad y gozo la fuerza creativa de la Vida a través de la práctica del Yoga y después en la totalidad de nuestra vida.

Por lo tanto, tanto la meditación para la revelación del Corazón Espiritual y las sesiones de Hatha Yoga se convierten en una ofrenda de consagración de nuestra conciencia individual y nuestras energías al amor divino universal y a la belleza del Espiritu, atman.

e) Transformación de la energía de las emociones

De este modo, el miedo se transforma alquímicamente, sin esfuerzo alguno, -como una simple consecuencia de la conciencia del Corazón- en confianza o valentía, la tristeza en gozo o compasión. Todo puede fluir de forma natural y durante la mayor parte del tiempo no hay patrones preestablecidos. Por ejemplo, no es necesario que el miedo tenga que sublimarse en valentía. También puede sublimarse en un sentido de liberación o gozo. Para sintetizar, lo más importante no es el contenido «positivo» de la conciencia, sino la continua conciencia del trasfondo de la Quietud, del Corazón Espiritual.

La sublimación en sí misma es un proceso en el que la energía transformada, sublimada emerge como resultado de fuerzas vectoriales representadas por nuestras tendencias y ecos de experiencias vitales íntimas. En ocasiones -como resultado de la actitud de Conciencia Testigo- la energía de las emociones, sensaciones o pensamientos es absorbida en una energía pura (en una energía «sin objeto»), en el Sagrado Temblor, en Spanda.

f) Las «llamas del Corazón» y la sublimación

Cuando se expresa una emoción y después regresa a la quietud del Corazón, ya no deja los habituales caminos y residuos, que forman los samskaras. Sólo es la reacción personal de atracción o repulsión la que genera los residuos inconscientes en la mente que siguen a la expresión de una emoción.

Como efecto de esta neutralidad, se produce una expansión de la conciencia. Se trata de una expansión espiritual en la que la sagrada vibración del Corazón, »las llamas del Corazón» procesan esa sensación o emoción particular, llevándola -metafóricamente hablando- a un estado de «incandescencia». Después de eso, la sensación o emoción, en su forma individual, se disuelve en una energía pura, no personal y, después, en el infinito espacio del Corazón Espiritual, Conciencia Pura.

Del mismo modo que en un fuego sacrificial, Spanda disuelve todos los regalos que recibe en la infinita quietud de la Conciencia Pura.

Aquí, en este proceso alquímico, se da la forma práctica en que se pasa de la dualidad a la Unidad. Advaita (no dualidad) no constituye simplemente una filosofía teórica, es una dualidad efectiva, «practicada» cada vez que adquirimos conciencia sobre cómo un pensamiento, emoción, sensación, sentimiento, etc. se disuelve en la quietud.

Para que esto ocurra, de hecho no hay nada «que hacer». Simplemente permanecemos conscientes del Corazón Espiritual, del trasfondo de Realidad que irradia amor y gratitud. Spanda es aquello que prevalece después de que la intención personal, el control basado en el ego y el deseo de control o de obtener un sentimiento o experiencia se conciben simplemente como estrategias inútiles, ineficaces y, por tanto, se abandonan. Se reemplazan por la llama inamovible refulgente de la Atención Plena, libre de toda reactividad.

Abrirse a la vibración pura de Spanda supone dejar de focalizarse exclusivamente en un objeto en particular y reaccionar a él de forma personal. Con la conciencia de Spanda, es como si el deseo, sensación o pensamiento (cualquier actividad psíquica o mental) de repente dejaran de tener objeto o forma. Existen sólo como vibración. La energía respectiva -deseo, por ejemplo- se torna Atención Plena en sí misma y, por tanto, se funde en la quietud del Corazón Espiritual.

g) La «condensación» de la felicidad en materia

Como efecto de una verdadera sublimación, las reverberaciones de esta vibración sagrada del Corazón se pueden experimentar como un sentimiento de florecimiento interior en todas las células del cuerpo.

Por tanto, la dicha se experimenta de forma orgánica. Ésta no es la felicidad asociada a una determinada situación u objeto, sino una expresión del flujo natural de la energía que ahora está libre de tensiones inherentes o del estrés de las emociones y sensaciones asociadas a la vida rutinaria.